Comiendo fast food sana

 

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¡Hola Maravilla! ¡Por fin nos volvemos a ver! Y es que realmente ha sido una temporada muy ocupada, en la que he tenido que priorizar y decidir qué podía y qué no podía hacer con mi tiempo.

Y justo el otro día, no hace mucho, me encontraba por la mañana a punto de hacerme mi batido verde para desayunar y al abrir la nevera me encontré con que no tenía nada verde que echar a la batidora, literalmente nada que pudiera considerar verde de verdad, llevaba días llegando a casa muy tarde y sin poder pasarme por el mercado y no me había dado cuenta de que se me habían acabado mis últimas reservas de verdura verde. A esto se añadió que aún no habían abierto las tiendas y, para más inri, tenía que salir pitando de casa. Así me puse a mirar mi nevera con ojo crítico y ahí estaban los yogures mirándome con ojos de “oye nosotros también somos comida sana”.

En mi frutero había unos plátanos y unas peras y en mi despensa pasas, anacardos, semillas de chía y sirope de agave y me dije: “Ana con esto te puedes hacer un desayuno sano, rico y, lo mejor para ese momento, super-rápido”. Y dicho y hecho: cogí un bol donde eché el yogur, un plátano y una pera cortados en trozos, un chorro de sirope, un puñado de pasas, otro de anacardos troceados y una cucharada de semillas de chía y, ¿sabéis?: Estaba riquísimo, realmente lo disfrute. Eso sí me di el placer de, al menos, tomármelo sentada.

Pero ahí no acabo la cosa, cuando regrese por la tarde, bastante tarde la verdad, se me planteó otro dilema: tenía que irme a currar de noche y poco tiempo para hacerme una cena; con lo que, de nuevo, tuve que improvisar con lo que tenía por casa y hacerme una cena rápida que a la vez fuera lo más sana posible. Y esto fue lo que me hice:

Un sándwich vegetal con tomate desecado, mahonesa vegi y bonito vegano. Sí has leído bien, bonito vegano.

El bonito vegano hacía mucho que no lo hacía, porque cuando me he hecho sándwich últimamente, los he hecho de guacamole o de humus. Pero como ya te he dicho, mi despensa estaba en las últimas, así que, mirando lo que tenía, mientras tostaba el pan de molde integral en la sartén, me puse a picar anacardos y apio, con lo que hice mi bonito vegano. Dirás que por qué lo llamo bonito vegano, pues porque el sabor se parece muchísimo al del bonito y los anacardos hacen de proteína. Para hacerlo machaco un puñado generoso de anacardos con media rama de apio verde.

Y, voilà, sobre la tostada puse una cama de lechugas, el bonito vegano, mahonesa vegi, que tenía en la nevera del día anterior, hecha con nata vegetal del Mercadona, aceite de oliva y limón, los tomates desecados a tiras y lo envolví para llevar.

Como puedes ver, ese día fue un tanto caótico en cuanto a hacer comidas. No fueron ni muy pensadas ni muy elaboradas; pero, aunque se pueden considerar realmente fast food, no por ello no son sanas.

Espero que te sirvan para que tú las puedas hacer la próxima vez que tengas prisa en la cocina.

¡Besos desde el corazón!

 

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