La decepción

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¡Hola maravilla!

Un nuevo día juntos.

Hoy quería hablarte de la decepción, ese sentimiento insidioso que nos invade  en ocasiones cuando sentimos que las circunstancias u otra persona no han llegado o cumplido con lo que queríamos o lo que nos habían hecho creer.

Y es que debido a esas expectativas, puestas fuera de nuestro centro y de lo que realmente somos, en numerosas ocasiones nos sentimos decepcionados, e incluso puede que a lo largo del día, aunque se trate de pequeñísimas, tengamos o sintamos más de una decepción.

Pero esas las llevamos relativamente bien, siempre hay alguna situación que no sale como queríamos, ya sea en el trabajo, con un compañero, pareja o hijo y, o bien pasamos de largo refunfuñando por lo bajini (esose da más en el trabajo o con personas que no tenemos mucha confianza) o si se trata de un familiar o un ser querido, se lo hacemos saber de manera más o menos amable.

Pero ¿qué pasa con las decepciones que hacen tambalear nuestro mundo, que te llegan hasta lo más hondo y te hacen sentir como si tu vida no tuviera sentido o como si te hubieran engañado y no hubiera manera de volver a confiar más en nada o en nadie?   ¿Cómo nos movemos a través de ellas sin regodearnos en el supuesto mal que nos han hecho, en los por qué a mí y en los yo no me merezco esto?

Y, sí, has leído bien, he dicho supuesto mal que nos han hecho porque la decepción se basa en la expectativa que teníamos en el otro y que este no ha cumplido, o en la creencia de que el día tiene que transcurrir de una determinada manera y, al final, no sucede así. Y es que esperar de algo o de alguien siempre nos va a decepcionar….No hay que esperar, si no fluir con la vida y las personas, vivir el momento sin esperar nada a cambio, solo vivirlo y sentirlo. Y al no esperar pero sí vivir y sentir, nada debería decepcionarnos. Hay un dicho que reza: “Quien mucho espera se decepciona y quién nada espera se sorprende”

Pero eso es más fácil decirlo que llevarlo a la práctica, porque en esta sociedad que nos ha tocado vivir, las expectativas están al orden del día y desde que empezamos a movernos por la vida toda la gente que nos rodea espera que las cumplamos, espera que hagamos en vez de que seamos y así, nos enseñan a que nosotros también empecemos a esperar cosas de los demás y de las circunstancias que para algo nosotros hemos cumplido con lo que nos han dicho y ahora les toca a los otros cumplir.

O bien ocurre que, no es que esa persona no cumpla con las expectativas que hemos puesto en ella si no que realmente nos haga daño con su comportamiento, haciendo cosas que nos hacen sufrir y entonces a la decepción se unen otros sentimientos como la tristeza, enfado y, según lo que nos haya hecho, rencor, o algo aún peor, hacernos sentir vulnerables.

Pero entonces, como parece que no estamos libres de las decepciones, al menos en este momento evolutivo en que nos encontramos, ¿Qué podemos hacer para superarlas?

Lo primero que te diría es que no te resistas a ella, no luches con la decepción, siéntela y deja que pase a través de ti que así no se estanque y se convierta en una parte de ti de la que no te puedas desprender y se enquiste en forma de rencor que al final al que menos beneficia es a ti.

Segundo piensa que duele tanto porque acaba de ocurrir y que, si como te acabo de decir, dejas que pase a través de ti, se ira diluyendo. Una frase que a mi me ayuda muchísimo en estas circunstancias es ” Esto también pasara”, me la repito como un mantra que acaba calando en mi alma y aliviándome.

Tercero habla con alguien de la situación, busca a un amigo con el que desahogarte y contarle lo que te ha pasado. Los buenos consejos de los amigos o de personas que han pasado por la misma situación son un buen bálsamo para el alma, aparte de que nos recuerdan que no estamos solos y que no somos los únicos a los que nos ha pasado.

Cuarto piensa en las cosas positivas que tú tienes y en tu capacidad para superar los obstáculos que has demostrado en otras circunstancias.

Quinto, dale tiempo a la situación, no pienses que tendría que pasarse el malestar en un día o dos, todo acabará pero necesitas un tiempo para digerirlo y asumirlo. Piensa en lo que sientes y en tus necesidades y hazlas caso. Dicho de otro modo: cuídate.

Por último, piensa que si te ha ocurrido es por algo, que nada ocurre por azar y que, seguro, cuando haya pasado el tiempo necesario para digerir la situación, habrás crecido como persona.

Pero sobre todo, sobre todo quierete mucho no, muchísimo y date mimos como un autoabrazo, respirar conscientemente de manera profunda, regalarte un baño de espuma con tu música favorita, o date el placer de esa comida que tanto te gusta y te reconforta un montón.

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Espero que te haya servido de ayuda.

Besos desde el corazón

 

 

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